
Soy Antonio Rodas y, como abogado penalista especializado en delitos de prevaricación administrativa, puedo ayudarte a conseguir el mejor resultado posible en tu caso.
Sé lo difícil y abrumador que puede ser verse inmerso en un procedimiento penal relacionado con decisiones o actuaciones dentro de la Administración. Las implicaciones pueden ser graves y afectar profundamente tu vida profesional, tu reputación y tu estabilidad personal.
No obstante, no tienes por qué enfrentarte a esta situación en solitario. Como experto en esta materia del derecho penal, cuento con la experiencia y el conocimiento necesarios para defender tus derechos y trabajar para lograr la mejor resolución posible de tu caso.
Antes de abordar la prevaricación administrativa, es esencial comprender el bien jurídico que se protege con estas normas penales: la legalidad en la actuación pública, la imparcialidad de las decisiones administrativas y la confianza de la ciudadanía en que la Administración actúa de forma objetiva y conforme a Derecho.
Estos principios son fundamentales para garantizar que las resoluciones y decisiones públicas no dependan de caprichos, favoritismos o intereses indebidos. La prevaricación administrativa busca impedir que el poder público se ejerza de forma arbitraria, preservando la transparencia, la igualdad de trato y el correcto funcionamiento de las instituciones.
En esencia, se trata de salvaguardar que las decisiones administrativas se dicten con respeto a la ley, con motivación, y con un propósito legítimo ligado al interés general.
La prevaricación administrativa es un delito que se produce cuando una autoridad o funcionario dicta una resolución injusta de forma consciente, es decir, a sabiendas de que esa decisión es contraria a Derecho y responde a un criterio arbitrario.
No se trata de un simple error, una interpretación discutible o una irregularidad administrativa. Para que exista prevaricación, el análisis suele centrarse en si la resolución es claramente injusta, si se adoptó de manera arbitraria, y si puede acreditarse que quien la dictó conocía esa injusticia.
Por eso, cada caso exige estudiar el contexto, el expediente completo y el motivo real de la decisión, porque la diferencia entre una actuación irregular y un delito penal puede depender de matices decisivos.
Los casos de prevaricación administrativa son situaciones delicadas y complejas que requieren un conocimiento exhaustivo tanto del derecho penal como del derecho administrativo. En estos procedimientos suele haber mucho en juego: reputación, carrera profesional, estabilidad económica y, en muchos casos, la posibilidad de seguir desempeñando un cargo o función pública.
Además, este tipo de delitos no se sostienen solo con opiniones: se discuten con expedientes, informes, procedimientos, motivaciones y pruebas documentales que hay que analizar con precisión y estrategia.
Contar con un abogado especialista en prevaricación administrativa te permite abordar el caso con una defensa sólida, revisando a fondo la legalidad del procedimiento, detectando contradicciones, y enfocando la estrategia en lo más importante: lo que realmente puede probarse y lo que no.

El Código Penal recoge distintas conductas vinculadas a la prevaricación en el ámbito público. Conocer sus formas más habituales es clave para entender la gravedad del hecho y las posibles consecuencias penales en cada caso.
Se da cuando una autoridad o funcionario dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo a sabiendas de su injusticia. Es decir, no se trata de un simple error, sino de una decisión claramente injusta adoptada de manera consciente.
Está regulada en el artículo 404 del Código Penal y se castiga con inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por tiempo de 9 a 15 años.
Esta modalidad aparece cuando, en el ejercicio de su competencia, una autoridad o funcionario propone, nombra o da posesión de un cargo público a una persona sin que concurran los requisitos legalmente establecidos, a sabiendas de esa ilegalidad.
Está regulada en el artículo 405 del Código Penal y puede castigarse con multa de 3 a 8 meses y suspensión de empleo o cargo público de 1 a 3 años.
Aquí la conducta se atribuye a quien acepta la propuesta, nombramiento o toma de posesión sabiendo que carece de los requisitos legalmente exigibles.
Está recogida en el artículo 406 del Código Penal y se sanciona con multa de 3 a 8 meses.
En el ámbito urbanístico, la prevaricación puede materializarse, por ejemplo, al informar favorablemente instrumentos de planeamiento o licencias contrarias a la normativa, silenciar infracciones en inspecciones u omitir inspecciones obligatorias, siempre a sabiendas de su injusticia. También incluye a quien resuelve o vota a favor de esas aprobaciones o licencias con ese mismo conocimiento.
Está regulada en el artículo 320 del Código Penal y se castiga con la pena del artículo 404 y, además, con prisión de 1 año y 6 meses a 4 años y multa de 12 a 24 meses.
En la práctica, ciertos hechos investigados como prevaricación pueden presentarse junto a otras figuras (por ejemplo, malversación, cohecho, tráfico de influencias o falsedad documental), o discutirse en términos de concurso de delitos. Por eso, la calificación depende mucho de cómo se adoptó la decisión, qué refleja el expediente administrativo, qué informes existían y qué pruebas sostienen realmente el “a sabiendas” (actas, correos, informes técnicos, periciales, testigos, etc.).
Cometer un delito de prevaricación administrativa implica enfrentarse a consecuencias especialmente serias, no solo por la dimensión penal del procedimiento, sino por el impacto directo que puede tener en la vida profesional y reputacional de la persona investigada. En la modalidad principal, cuando se atribuye haber dictado una resolución arbitraria a sabiendas de su injusticia, el artículo 404 del Código Penal prevé la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público (y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo) por un período de nueve a quince años, lo que en la práctica puede suponer la imposibilidad de continuar o acceder a determinados puestos o responsabilidades en el ámbito público.
Por todo ello, y por la carga personal y mediática que con frecuencia acompaña a estos procedimientos, es fundamental contar con un abogado penalista especializado: en prevaricación, más que “opiniones”, lo que decide el caso es cómo se construye y se combate la prueba, qué dice el expediente, qué margen real había para decidir y si puede acreditarse (o descartarse) el elemento más determinante: el conocimiento de la injusticia.
La prueba es clave en los procedimientos por prevaricación administrativa, porque normalmente todo se sostiene a partir de documentos, trámites y la lógica interna del expediente. A diferencia de otros delitos, aquí el debate suele centrarse en cómo se adoptó la resolución, si se respetó el procedimiento, qué informes existían y si la decisión puede calificarse como arbitraria o, por el contrario, como una actuación defendible dentro del marco legal.
Resoluciones, antecedentes, propuestas, motivación, trámites, plazos, notificaciones y documentos incorporados. Es la columna vertebral del caso.
Convocatorias, orden del día, deliberaciones, votaciones y actas. En muchos asuntos (urbanismo, contratación, subvenciones), este bloque documental resulta decisivo.
Emails, notas internas, instrucciones, borradores, mensajes y documentación de trabajo que permiten reconstruir quién intervino, qué se sabía y por qué se decidió lo que se decidió.
Declaraciones de quienes tramitaron, informaron o participaron en la decisión (técnicos, jefaturas, secretaría, intervención, miembros del órgano decisor).
Pericial administrativa, urbanística, contable o de contratación pública, según el caso, para explicar normativa aplicable, procedimiento debido, márgenes de discrecionalidad y si la resolución era defendible o claramente arbitraria.